En muchas ocasiones, la mayoría de chicas que comienzan un tratamiento de Fecundación in vitro (FIV), han fracasado con la concepción natural y la Inseminación Artificial (IAC), procedimiento realizado dentro del cuerpo de la mujer, introduciendo el semen de su pareja o un donante para conseguir la concepción tan deseada. La FIV supone para ellas el último paso donde ponen todas sus ilusiones porque es la última oportunidad, y lo intentan las veces que haga falta. “Ya me han hecho tres inseminaciones y una FIV. La semana que viene empiezo con el tratamiento para la segunda”, es un comentario habitual en el foro “www.enfemenino.com”, donde ellas buscan el apoyo de mujeres en su misma situación. En este espacio virtual comparten las molestias que conllevan esta clase de tratamientos, “te sientes hinchada, cansada, con ganas de tirar la toalla todos los días, luego llega la punción, que para mí ha sido lo peor y tu estado de ánimo esta por los suelos”, reconoce Marisol, valenciana de 28 años.
Pero antes de llegar a la FIV, el trago por el que pasan es muy amargo. Describir qué siente una mujer cuando le dicen que no puede ser madre es algo muy difícil. Azaroa, una de las chicas que ha decidido abandonar el foro después de perder la carrera, explica que “la infertilidad es una situación médica muy personal y a muchas mujeres les resulta muy difícil exponerla claramente a sus compañeros de trabajo y a sus jefes, por lo que no son infrecuentes las excusas cuando el tratamiento interfiere de alguna manera en su trabajo. Después de cada intento médico para conseguir un embarazo, deben adoptar una actitud de espera que está sazonada de brotes de optimismo y pesimismo. Es una especie de ‘montaña rusa’ emocional”. Y cada una lo vive individualmente.
Desahogándose en los foros, buscando quién te escuche
“Me llamo Marisol, soy de Valencia y es mi primera experiencia en esta desesperante lucha por ser madre, esto es lo más duro que me ha pasado en la vida, tengo 28 años y soy estéril”.
En los foros las mujeres comparten finales felices e historias cuyo final a veces no llega nunca. La carrera de Yolanda, 29 años, comenzó en el momento en el que su médico decidió quitarle uno de sus ovarios en la operación de eliminación del quiste que había desarrollado. “Mi médico me dijo que no me preocupase, que con un solo ovario una mujer podía perfectamente quedarse embarazada y bla, bla, bla… yo ya no escuchaba nada más porque aún estaba reaccionando con lo de quitarme mi ovario…”.
Incertidumbre e información
La incertidumbre es en muchas ocasiones compañera de camino en el día a día de estas mujeres. Cuando se embarcan en esta aventura para ser mamás, confían en su médico, se ponen en sus manos, y reciben la información que éste les proporciona; el procedimiento en sí, sobre el tratamiento de estimulación de óvulos al que se verán sometidas, el proceso de recuperación de óvulos, su inseminación, la transferencia de embriones… Pero detrás de toda esta avalancha de información quedan dudas sin resolver: “Estaba muerta de miedo… No sabía de dónde sacar información, ya que los médicos te van diciendo paso a paso y yo tenía muchas preguntas… internet me ayudó mucho”, comenta Natalia.
Ana aconseja no cerrar “nunca la puerta de la consulta sin resolver cualquier incógnita que albergues, todas ellas son importantes. La información tendrá un poder balsámico dentro de este complejo entramado, que nos es la reproducción humana”.
Una carrera de fondo: compartiendo ilusiones
La búsqueda de una esperanza les lleva muchas veces a querer escuchar historias ajenas que según Ana deben ser recibidas “con oídos cautos, porque los desenlaces de estas historias son intransferibles y ya poseen su propio dueño”. Igualmente aconseja “tomar con prudencia los testimonios personales que lleguen a tu poder, testimonios en ocasiones con final feliz, que te ayudarán a poner unas alas de optimismo a tu sueño, sin embargo, otras experiencias cortarán al ras tu confianza”.
La mayoría de las mujeres se toman este reto como una carrera de fondo. Algunas, deciden someterse a estos tratamientos con una edad avanzada, y sus miedos se centran en no ser capaces de llegar a tiempo. La perseverancia y Natalia, ya se han hecho amigas, para quien la carrera todavía no ha terminado, “en mi caso me sacaron 10 ovocitos, de los cuales se quedaron con 8. Solo consiguieron 3 embriones, uno se perdió al segundo día. A los otros dos restantes les hicieron un análisis cromosómico por mi edad, descartaron uno, y sólo se quedaron con mi campeón. Me lo transfirieron el día de mi cumpleaños, cumplí 41, y esta semana tengo que hacerme el análisis sanguíneo (beta), a ver si mi pequeño sigue ahí”.
Ana explica que “tal vez el camino es más largo de lo que le gustaría, un camino en el que no debe atravesar sus sendas con prisas, si alcanza una velocidad mayor de la permitida no podrá sortear los obstáculos. Es una carrera de fondo, donde la paciencia y la perseverancia serán sus mejores aliados”. Y quizás así finalmente llegues a la meta, como Yolanda, “me hice el test y salió negativo, así que agaché la cabeza para ponerme a llorar, como siempre, pero esta vez al levantar la cabeza ahí estaba. La rayita”.
